domingo, 19 de mayo de 2013

Actividad 30_5 hipótesis fantásticas y relato.

5 hipótesis:

1.    Un psicópata se corta el pie derecho, decide participar en carrera de cien metros y gana.
2.    Un cántate que escribe y canta las palabras al revés, gana el premio al mejor cantante.
3.    Un hombre que tiene como oficio quitar la maldad del mundo pero se suicida porque su trabajo no le reditúa nada.
4.    11 personas desafortunadas, desdichadas y feas. Cuando se juntaban para jugar fut bol ningún equipo les ganaba.
5.    Una mariposa que no quería ser mariposa asi que rento un capullo y se trasformo en una oruga.


1 Relato:

Un hombre que tiene como oficio quitar la maldad del mundo pero se suicida porque su trabajo no le reditúa nada.
El hombre abrió la puerta de su Departamento. Dejó colgados el abrigo y el sombrero como siempre acostumbraba hacer. Encendió el fuego de la cocina y puso agua en la tetera para tomar el té. Luego se dirigió al cuarto de baño donde se sacó la ropa y se dispuso a tomar una ducha. Se miró de soslayo en el espejo. La suciedad en forma de una infinidad de manchas negras como la noche cubría la blanca y vieja piel de toda su humanidad.
Abrió la llave y cuando comenzó a salir agua caliente ingresó a la pequeña tina donde tomó la esponja y el jabón y comenzó a limpiarse. Lo hacía cuidadosamente... como si no quisiera desprenderse de aquella negrura adherida a la piel, sin embargo sabía que debía hacerlo... por su bien... por el bien de todos.  Y es que esa era su misión, recorrer las calles incansablemente recogiendo y llevando sobre su piel , todos nuestros errores, desaciertos, egoismos, desamores... toda nuestra maldad para luego lavarla y darnos una nueva oportunidad, un día más de esperanza.
Cuando hubo terminado, se secó. Se vistió ropa cómoda y enfiló a la cocina donde el silbido de la tetera le anunciaba la hora del té. Se preparó una taza con un par de tostadas con mantequilla. Mientras comía no podía dejar de pensar en lo reconfortante y mágica que era esa hora. El volver a casa, el sentarse a tomar té bajo la cálida luz de la lámpara sobre la mesa. Sin embargo el té ya no sabía tan dulce y las tostadas no eran tan crujientes como antes. Una lágrima quiso asomarse por su ojo verdadero pero la contuvo, como siempre hizo.
Salió a la terraza de su departamento. Encendió un cigarrillo. El mundo allá abajo se movía despreocupado, acelerado, egoista, impersonal.
-Creo que ya has crecido- le musitó al mundo -Quiero descansar...
Apagó el cigarro... y voló.
Y el Mundo lloró pues por primera vez se sintió solo.

Actividad 26_ 10 comienzos o 5 finales

 

El genio y el pescador
Había una vez un pescador de bastante edad y tan pobre que apenas ganaba lo necesario para alimentarse con su esposa y sus tres hijos. Todas las mañanas, muy temprano, se iba a pescar y tenía por costumbre echar sus redes no más de cuatro veces al día. Un día, antes de que la luna desapareciera totalmente, se dirigió a la playa y, por tres veces, arrojó sus redes al agua. Cada vez sacó un bulto pesado. Su desagrado y desesperación fueron grandes: la primera vez sacó un asno; la segunda, un canasto lleno de piedras; y la tercera, una masa de barro y conchas.

En cuanto la luz del día empezó a clarear dijo sus oraciones, como buen musulmán; y se encomendó a sí mismo y sus necesidades al Creador. Hecho esto, lanzó sus redes al agua por cuarta vez y, como antes, las sacó con gran dificultad. Pero, en vez de peces, no encontró otra cosa que un jarrón de cobre dorado, con un sello de plomo por cubierta. Este golpe de fortuna regocijó al pescador.

—Lo venderé al fundidor —dijo—, y con el dinero compraré un almud de trigo.

Examinó el jarrón por todos lados y lo sacudió, para ver si su contenido hacía algún ruido, pero nada oyó. Esto y el sello grabado sobre la cubierta de cobre le hicieron pensar que encerraba algo precioso. Para satisfacer su curiosidad, tomó su cuchillo y abrió la tapa. Puso el jarrón boca abajo, pero, con gran sorpresa suya, nada salió de su interior. Lo colocó junto a sí y mientras se sentó a mirarlo atentamente, empezó a surgir un humo muy espeso, que lo obligó a retirarse dos o tres pasos. El humo ascendió hacia las nubes y, extendiéndose sobre el mar y la playa, formó una gran niebla, con extremado asombro del pescador. Cuando el humo salió enteramente del jarrón, se reconcentró y se transformó en una masa sólida: y ésta se convirtió en un Genio dos veces más alto que el mayor de los gigantes.

A la vista de tal monstruo, el pescador hubiera querido escapar volando, pero se asustó tanto que no pudo moverse.

El Genio lo observó con mirada fiera y, con voz terrible, exclamó:
—Prepárate a morir, pues con seguridad te mataré.
—¡Ay! —respondió el pescador—, ¿por qué razón me matarías?
Acabo de ponerte en libertad, ¿tan pronto has olvidado mi bondad?
—Sí, lo recuerdo —dijo el Genio—, pero eso no salvará tu vida. Sólo un favor puedo concederte.
—¿Y cuál es? —preguntó el pescador.
—Es —contestó el Genio— darte a elegir la manera como te gustaría que te matase.
—Mas, ¿en qué te he ofendido? —preguntó el pescador—.
¿Esa es tu recompensa por el servicio que te he hecho? —No puedo tratarte de otro modo —dijo el Genio—. Y si quieres saber la razón de ello, escucha mi historia:

“Soy uno de esos espíritus rebeldes que se opusieron a la voluntad de los cielos. Salomón, hijo de David, me ordenó reconocer su poder y someterme a sus órdenes. Rehusé hacerlo y le dije que más bien me expondría a su enojo que jurar la lealtad por él exigida. Para castigarme, me encerró en este jarrón de cobre.

“Y a fin de que yo no rompiera mi prisión, él mismo estampó sobre esta etapa de plomo su sello, con el gran nombre de Dios sobre él. Luego dio el jarrón a otro Genio, con instrucciones de arrojarme al mar.

“Durante los primeros cien años de mi prisión, prometí que si alguien me liberaba antes de ese período, lo haría rico. Durante el segundo, hice juramento de que otorgaría todos los tesoros de la tierra a quien pudiera liberarme. Durante el tercero, prometí hacer de mi libertador un poderoso monarca, estar siempre espiritualmente a su lado y concederle cada día tres peticiones, cualquiera que fuese su naturaleza. Por último, irritado por encontrarme bajo tan largo cautiverio, juré que, si alguien me liberaba, lo mataría sin misericordia, sin concederle otro favor que darle a elegir la manera de morir.”

—Por lo tanto —concluyó el Genio—, dado que tú me has liberado hoy, te ofrezco esa elección.

El pescador estaba extremadamente afligido, no tanto por sí mismo, como a causa de sus tres hijos ,y la forma de mi muerte, te conjuro, por el gran nombre que estaba grabado sobre el sello del profeta Salomón, hijo de David, a contestarme verazmente la pregunta que voy a hacerte.

El Genio, encontrándose obligado a dar una respuesta afirmativa a este conjuro, tembló. Luego, respondió al pescador:
—Pregunta lo que quieras, pero hazlo pronto.
—Deseo saber —consultó el pescador—, si efectivamente estabas en este jarrón. ¿Te atreves a jurarlo por el gran nombre de Dios?
—Sí —replicó el Genio—, me atrevo a jurar, por ese gran nombre, que así era.
—De buena e —contestó el pescador— no te puedo creer. El jarrón no es capaz de contener ninguno de tus miembros. ¿Cómo es posible que todo tu cuerpo pudiera yacer en él?
—¿Es posible —replicó el Genio— que tú no me creas después del solemne juramento que acabo de hacer?
—En verdad, no puedo creerte —dijo el pescador—. Ni podré creerte, a menos que tú entres en el jarrón otra vez.

De inmediato, el cuerpo del Genio se disolvió y se cambio a sí mismo en humo, extendiéndose como antes sobre la playa. Y, por último, recogiéndose, empezó a entrar de nuevo en el jarrón, en lo cual continuó hasta que ninguna porción quedó afuera. Apresuradamente, el pescador cogió la cubierta de plomo y con gran rapidez la volvió a colocar sobre el ron.

—Genio —gritó—, ahora es tu turno de rogar mi favor y ayuda. Pero yo te arrojaré al mar, d encontrabas. Después, construiré una casa playa, donde residiré y advertiré a todos los pescadores que vengan a arrojar sus redes, para que se de un Genio tan malvado como tú, que has hecho juramento de matar a la persona que te ponga e libertad.

El Genio empezó a implorar al pescador —Abre el jarrón —decía—; dame la libertad te prometo satisfacerte a tu entero agrado.
Eres un traidor —respondió el pescado. volvería a estar en peligro de perder mi vida, tan loco como para confiar en ti.

Y dicho esto, el genio golpeó el suelo con la planta de sus pies y desapareció para siempre por la grieta que sus golpes habían creado. Los peces que el pescador llevó a la corte fueron tan del grado del rey que no sólo le colmó de riquezas, sino que terminó casando a una de sus hijas con el hijo mayor del pescador y, como consuegro del rey, vivió feliz en la corte.




Referencia: Cuentos de las 1000 y una noches.

Actividad 25_Tres reducciones a los huesos

Blancanieves debe morir, de Nele Neuhaus

Un sombrío día de noviembre unos obreros encuentran un esqueleto humano en un antiguo aeródromo del Ejército norteamericano en un pueblo cerca de Frankfurt. Poco después alguien empuja a una mujer desde un puente. Un proceso judicial basado en pruebas circunstanciales hizo que el presunto autor Tobias acabara entre rejas. Ahora este ha vuelto a su pueblo. La desaparición de otra chica desata una auténtica caza de brujas.

"Contigo aprendí" de Silvia Grijalba

María Luisa se contagió de la sensualidad y la libertad de la isla, y José se entregó a su esposa. Sus vidas dieron entonces un vuelco inesperado: el reencuentro con Fernando en Nueva Jork, el embrujo de las fiestas, la moda y la alta sociedad neoyorquina
de pasiones incontrolables, de engaños y de una mujer valiente que supo reinventarse a sí misma.

“El año en que me enamoré de todas" de Use Lahoz
Sylvain Saury, un joven parisino adicto a la vida que se acerca peligrosamente a los treinta y que sufre el síndrome de Peter Pan. Tiene muchas virtudes: es sensible, bilingüe y sabe hacer amigos, pero también tiene grandes defectos: en cuestiones
de amor no consigue pasar página, tiende a meterse donde no le llaman y el verbo ‘madurar’ le asusta.
Cuando recibe la propuesta de un trabajo mal pagado en Madrid no se lo piensa: prefi ere vivir allí a salto de mata que hacerse adulto en París. Y, además, en Madrid vive Heike Krüger, su exnovia alemana, a quien no ha conseguido olvidar.


Actvidad 23_Esqueleto y desarrollo del relato

Esqueleto: Asesino profesional se enamora y deja el negoció, su hijo es perfumista

Desarrollo
El perfumista
He aquí al mejor asesino del mundo, su nombre Fernando, cada una de sus viles acciones dejaron huella, quizá por su peculiar forma de matar o su gran estilo al tirar pero era el mejor, cada una de sus acciones no dejaban rastro a menos que él quisiera dejar alguno para recordar que el estuvo allí, sus víctimas eran políticos en general, abogados, ladrones y a veces mujeres.
Por cada crimen que cometía se compraba un perfume nuevo, tenía una gran colección era una loca afición pero disfrutaba su oficio. Un buen día que decidió matar a un diputado local, se vistió de cuero, con unas botar muy elegantes y tomó su pistola favorita. Hacía tiempo que no se vestía así y decidió ir caminando, en un cruce cerca de su casa chocó con una bella mujer, en seguida su sangre fría se confundió por el mejor aroma que jamás había olido.
Muy dentro de él algo le decía que reaccionara y continuara su camino pero lo primero que hizo fue pedirle una disculpa a la bella dama, ella lo disculpo y le sonrió mientras esperaban el cruce de peatones, él paso se ser un asesino serial a la persona más cursi del mundo, le oficio a la señorita cargar las cosas que traía y acompañarla a su casa, con amable ofrecimiento Isabel, como se llamaba, no se negó.
Ese día el diputado se salvó, pronto pasaron los meses y él se sentía como un adolescente enamorado, y fue cuando decidió dejar el negocio y formar una familia con la que ahora sería su esposa. Unos años después de haberse casado tuvieron a su primer hijo.
Fabián se llama su hijo, un niño común creciendo en un hogar común donde su mamá era ama a de casa y su papá un excelente mecánico. Con el paso de los años el hijo creció y fue encontrando su verdadera vocación… Perfumista.

Actividad 22_ Relato de noticia.

El juego

La adicción a las drogas ha sido una constante desde el principio de la historia de la humanidad y nadie, a estas alturas, debería sorprenderse por ello. El narcotráfico y la guerra que se ha desatado contra éste han cambiado también la conducta de distintos sectores de la población, como, por ejemplo, la de los niños de Apatzingán que ahora, en vez de jugar a policías y ladrones, juegan a que son Zetas, sicarios y secuestradores. Rodrigo me acaba de decir que trabajando para los narcos podría ganar 7 mil pesos (alrededor de 550 dólares) a la semana. Pero me dijo que para eso tenía que tener sangre azul para que no me importen las personas. Él me preguntó que si yo llegaría a matar, y me quedé pensando, y le dije sí, y me dijo: “Tú no sirves para eso, porque lo pensaste mucho”. Se escuchaba triste, como si lo hubieran sacado del equipo escolar de futbol. Entonces todo parecía un juego". Tiempo después me vi envuelto en un problema financiero, recurrí a ellos nuevamente y decidido tomo el paquete y me marche, es probable que ya nunca pueda salir, pero mi consuelo es que los políticos aun tienen competencia y se que aun no pierdo la cordura.


 




viernes, 17 de mayo de 2013

Actividad 21_ Relato policiaco a partir del argumento del cortázar.

“LOCURA DE TODOS LOS DÍAS”.

En muchas ciudades el tráfico es un factor importante para el día a día de los ciudadanos. Sin él ¿qué seriamos?
Todos los días a las típicas horas pico podemos ver como las personas aumentan su estrés, enojo, fastidio hacia el carro, hacia los demás carros, y con esto manejar con más rapidez, menos sentido de la ubicación, y de la precaución.
Se supone que la ciudad está haciendo pasos peatonales, pasos a desnivel, retornos, etcétera,  para evitar todo tipo de ¨trafico¨, pero eso NO es verdad, se sigue haciendo una fila enorme en la entrada de Periférico y Vallarta estando ya los dos pasos a desnivel, y qué decir en Acueducto. Tan solo el martes pasado hubo un incendio en Lomas Altas y una persona atropellada y era un caos. Sólo dos tránsitos haciendo de los dos carriles uno solo. ¿En que ayudan? Sólo crean más tráfico, más probabilidad de accidentes. Y sólo estaba la patrulla, ni siquiera se veía el oficial.
¿Y qué podemos decir de la época de lluvia? ¿Cuántos accidentes podemos ver en menos de una cuadra? Es impresionante como la ciudad se vuelve caos tras caos en época de lluvia, ya no importa el tráfico. Ya importa llegar a casa sin un choque, un besito y espero que no algo mas grande. Y todo esto es causa de la vialidad, de que no se toma precaución en las calles, cuando de ante mano uno que sale de su casa y ve que esta lloviendo ya sabe que le espera en la calle.






Actividad 20_ Relato de medio relato

El día en que la "A" desapareció.

Alberto dormía tranquilamente, su madre desesperada preparaba el desayuno, un día cualquiera; Alberto tenía que ir a la escuela y su madre quedarse en casa a esperar que Alberto regresara de la escuela para que juntos se sentaran a la mesa a comer, posiblemente esta rutina hacia que los dos tuvieran buena comunicación. Mientras el despertador sonaba, Alberto presentía que este día, en particular, sería algo extraño, bostezo como nunca y se estiro como siempre. Se levanto sin decir ni una sola palabra, medio dormido tomo la una toalla y se dirigió a la ducha, mientras se duchaba y dormía aun seguía presintiendo que algo hacía falta, pero ¿Qué era?, no podía explicárselo, se le hacía tarde para ir  a la escuela así que se dispuso a apurarse, se puso el uniforme, se peino, tomo sus cosas y se dirigió a la concina, en donde ya se madre le tenía el desayuno servido en la mesa.
Al saludar a su madre “¡Buenos días mamá!, se dio cuenta que… no escucho el sonido de la letra “A” en esa oración, él solo comenzó a reír pensando en que aun estaba medio dormido así que no se preocupo, su madre tampoco porque pensó que era otro de los usuales chistes de Alberto. En silencio tomó su desayuno y al terminar se dirigió a la escuela, se puso los audífonos y comenzó a cantar, pero como estaba tan alto el volumen no se daba cuenta que en cada canción que cantaba falta la letra “a” la gente que los escuchaba lo miraba con extrañeza, pero él pensó que estaba cantando muy feo, así que comenzó a tararear, así hasta llegar a la escuela; entro al salón y dejó su mochila en el suelo, sólo saco una libreta y su lápiz favorito.
Como lo no gustaba charlar con alguien en silencio vio entrar a la maestra, dio un gran suspiró de resignación  porque tampoco le emocionaba la idea de ser estudiante y menos este día que habría examen oral, quizá no le emocionaba la idea de estudiar pero si le dedicaba su tiempo, cuanto llego su turno para ser hacer el examen… Tocaron el timbre para salir al recreo. Estando en recreo comiendo su almuerzo, dos niñas se hacercaron a él preguntándole cual era su nombre, el contesto:-Lberto. Fue en ese instante cuando se asustó y descubrió que eso era lo que estaba mal, se alejo de las niñas y comenzó a pronunciar muchas palabras al azar que tiene una por lo menos una “A”;-beja, cbez, rom, cnic, tortill, etc.
Al darse cuenta de los que le pasaba se asusto y lloró, no pasaba de llorara, ni siquiera podía hablar de tanto llanto,  la directora lo mando a su casa y la maestra pospuso el examen. De camino a casa seguía llorando y cuando  llego seguía llorando, cuando a entro a su habitación y se vio en la cama, su llanto seso.


lunes, 6 de mayo de 2013

Actividad 19_ Escribir el final de un cuento

La ratita presumida

Erase una vez, una ratita que era muy presumida. Un día la ratita estaba barriendo su casita, cuando de repente en el suelo ve algo que brilla... una moneda de oro. La ratita la recogió del suelo y se puso a pensar qué se compraría con la moneda.

- Ya sé me compraré caramelos... uy no que me dolerán los dientes. Pues me comprare pasteles... uy no que me dolerá la barriguita. Ya lo sé me compraré un lacito de color rojo para mi rabito.-

La ratita se guardó su moneda en el bolsillo y se fue al mercado. Una vez en el mercado le pidió al tendero un trozo de su mejor cinta roja. La compró y volvió a su casita. Al día siguiente cuando la ratita presumida se levantó se puso su lacito en la colita y salió al balcón de su casa. En eso que aparece un gallo y le dice:

- Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo? - .

Y la ratita le respondió: - No sé, no sé, ¿tú por las noches qué ruido haces? -

Y el gallo le dice: - quiquiriquí- . - Ay no, contigo no me casaré que no me gusta el ruido que haces- .

Se fue el gallo y apareció un perro. - Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo? - . Y la ratita le dijo:

- No sé, no sé, ¿tú por las noches qué ruido haces? - . - Guau, guau- . - Ay no, contigo no me casaré que ese ruido me asusta- .

Se fue el perro y apareció un cerdo. - Ratita, ratita tú que eres tan bonita, ¿te quieres casar conmigo? - .

Y la ratita le dijo: - No sé, no sé, ¿y tú por las noches qué ruido haces? - . - Oink, oink- . - Ay no, contigo no me casaré que ese ruido es muy ordinario- .

El cerdo desaparece por donde vino. Llega un ratón blanco, y le dice a la ratita: - Ratita, ratita tú que eres tan bonita ¿te quieres casar conmigo? - . Y la ratita le dijo:

- No sé, no sé, ¿y tú qué ruido haces por las noches? - . Y el ratoncito con voz suave y dulce le dice: - No diré nada- . - Ay sí contigo me casaré.

Y así llego el dé en que la ratita presumida se casaría con el ratoncito, cuando el pato, estaba a punto de terminar la ceremonia, intervino el gato a impedir la boda y le propuso a la ratita escapar con él, la ratita acepto, y dejó al ratoncito vestido y alborotado.
Después de un tiempo el ratoncito encontró una ratoncita aun más bonita y linda con la cual vivió en unión libre. Y la ratita presumida vivía con el gato como su ama de casa, recordadndo y lamentando el día que dejo al ratncito n el altar. 


domingo, 5 de mayo de 2013

Actividad 18_Final para pinocho el astuto

Pinocho el astuto

Había una vez Pinocho. Pero no el del libro de Pinocho, otro. También era de madera, pero no era lo mismo. No le había hecho Gepeto, se hizo él solo.
También él decía mentiras, como el famoso muñeco, y cada vez que las decía se le alargaba la nariz a ojos vista, pero era otro Pinocho: tanto es así que cuando la nariz le crecía, en vez de asustarse, llorar, pedir ayuda al Hada, etcétera, cogía un cuchillo, o sierra, y se cortaba un buen trozo de nariz. Era de madera ¿no? así que no podía sentir dolor.
Y como decía muchas mentiras y aún más, en poco tiempo se encontró con la casa llena de pedazos de madera.
—Qué bien —dijo—, con toda esta madera vieja me hago muebles, me los hago y ahorro el gasto del carpintero.
Hábil desde luego lo era. Trabajando se hizo la cama, la mesa, el armario, las sillas, los estantes para los libros, un banco. Cuando estaba haciendo un soporte para colocar encima la televisión se quedó sin madera.
—Ya sé —dijo—, tengo que decir una mentira.
Corrió afuera y buscó a su hombre, venía trotando por la acera, un hombrecillo del campo, de esos que siempre llegan con retraso a coger el tren.
—Buenos días. ¿Sabe que tiene usted mucha suerte?
—¿Yo? ¿Por qué?
¡¿Todavía no se ha enterado?! Ha ganado, cien millones a la lotería, lo ha dicho la radio hace cinco minutos.
—¡No es posible!
—¡Cómo que no es posible...! Perdone ¿usted cómo se llama?
—Roberto Bislunghi.
—¿Lo ve? La radio ha dado su nombre, Roberto Bislunghi. ¿Y en qué trabaja?
—Vendo embutidos, cuadernos y bombillas en San Giorgio de Arriba.
—Entonces no cabe duda: es usted el ganador. Cien millones. Le felicito efusivamente...
—Gracias, gracias...
El señor Bislunghi no sabía si creérselo o no creérselo, pero estaba emocionadísimo y tuvo que entrar a un bar a beber un vaso de agua. Sólo después de haber bebido se acordó de que nunca había comprado billetes de lotería, así que tenía que tratarse de una equivocación. Pero ya Pinocho había vuelto a casa contento. La mentira le había alargado la nariz en la medida justa para hacer la última pata del soporte. Serró, clavó, cepilló ¡y terminado! Un soporte así, de comprarlo y pagarlo, habría costado sus buenas veinte mil liras. Un buen ahorro.
Cuando terminó de arreglar la casa, decidió dedicarse al comercio.
—Venderé madera y me haré rico.
Y, en efecto, era tan rápido para decir mentiras que en poco tiempo era dueño de un gran almacén con cien obreros trabajando y doce contables haciendo las cuentas. Se compró cuatro automóviles y dos autovías. Los autovías no le servían para ir de paseo sino para transportar la madera. La enviaba incluso al extranjero, a Francia y a Burlandia.
Y mentira va y mentira viene, la nariz no se cansaba de crecer. Pinocho, cada vez se hacía más rico. En su almacén ya trabajaban tres mil quinientos obreros y cuatrocientos veinte contables haciendo las cuentas.
Pero a fuerza de decir mentiras se le agotaba la fantasía, Para encontrar una nueva tenía que irse por ahí a escuchar las mentiras de los demás y copiarlas: las de los grandes y las de los chicos. Pero eran mentiras de poca monta y sólo hacían crecer la nariz unos cuantos centímetros de cada vez.
Entonces Pinocho se decidió a contratar a un «sugeridor» por un tanto al mes. El «sugeridor» pasaba ocho horas al día en su oficina pensando mentiras y escribiéndolas en hojas que luego entregaba al jefe:
—Diga que usted ha construido la cúpula de San Pedro.
—Diga que la ciudad de Forlimpopoli tiene ruedas y puede pasearse por el campo.
—Diga que ha ido al Polo Norte, ha hecho un agujero y ha salido en el Polo Sur.
El «sugeridor» ganaba bastante dinero, pero por la noche, a fuerza de inventar mentiras, le daba dolor de cabeza.
—Diga que el Monte Blanco es su tío.
—Que los elefantes no duermen ni tumbados ni de pie, sino apoyados sobre la trompa.
—Que el río Po está cansado de lanzarse al Adriático y quiere arrojarse al Océano Indico.
Pinocho, ahora que era rico y super rico, ya no se serraba solo la nariz: se lo hacían dos obreros especializados, con guantes blancos y con una sierra de oro. El patrón pagaba dos veces a estos obreros: una por el trabajo que hacían y otra para que no dijeran nada. De vez en cuando, cuando la jornada había sido especialmente fructífera, también les invitaba a un vaso de agua mineral.
Gianni Rodari.


Cuarto Final
Un día uno de los obreros que le serraba la nariz traicionó a pinocho y comenzó a contra su secreto a las personas de la ciudad, entonces todos despreciaron a pinocho por lo que hacía y comenzaron a idear un plan para que pinocho no se hiciera más rico. El plan consistía en que cada vez que pinocho se acercara a alguien esté no escuchara las mentiras de pinocho y así su nariz no crecería, así fue, cada vez que pinocho se acercaba a alguien, no era escuchado y la nariz no le crecía. Pasaron los días y pinocho comenzó a ver perdidas en su negocio, lo que lo hizo pensar que no era correcto lo que hacía y pensó: -Si digo la verdad, quizá desapareceré, si digo mentiras nadie me escuchará, ¡ya se!, jamás diré una sola palabra.
Paso el tiempo y ya nadie escuchaba a pinocho quien felizmente vivía en una casa modesta pero sin que nada le faltara. Si pensarlo la ciudad se quedo sin madera y buscaron varias alternativas para sustituir su uso pero el hierro era difícil de trabajar y muy costoso, además la gente se quedaba sin dinero. Lo que llevo a las personas a buscar a pinocho, cuando llegaron a casa de pinocho ya no estaba, se había ido para siempre.

Actividad 17_Una historia entre cuatro

Día de otoño

 

Primer día de otoño, gran día para salir de casa, charlar con un viejo amigo, y por supuesto leer un buen libro, de esos que no comprendo. Es tan fascinante y frustrante a la vez; esa sensación cuando lees una y otra vez hasta que logras comprender.
Primer día de otoño, un día donde el aburrimiento no hace acto de presencia, un día para relajarme y no preocuparme, es de esos días donde el tiempo pasa conforme lees y disfrutas de aquel libro que alegra al doble los cuerpos que se sumergen en el océano de la lectura y que disfrutan de los profundos pensamientos de un escritor que sin pensarlo alegra tu primer día de otoño.



Actividad 15_ Cambiar el final a una obra literaria

Sombra

Edgar Allan Poe

Sí, aunque marcho por el valle de la Sombra.
(Salmo de David, XXIII)

Vosotros los que leéis aún estáis entre los vivos; pero yo, el que escribe, habré entrado hace mucho en la región de las sombras. Pues en verdad ocurrirán muchas cosas, y se sabrán cosas secretas, y pasarán muchos siglos antes de que los hombres vean este escrito. Y, cuando lo hayan visto, habrá quienes no crean en él, y otros dudarán, mas unos pocos habrá que encuentren razones para meditar frente a los caracteres aquí grabados con un estilo de hierro.
El año había sido un año de terror y de sentimientos más intensos que el terror, para los cuales no hay nombre sobre la tierra. Pues habían ocurrido muchos prodigios y señales, y a lo lejos y en todas partes, sobre el mar y la tierra, se cernían las negras alas de la peste. Para aquellos versados en la ciencia de las estrellas, los cielos revelaban una faz siniestra; y para mí, el griego Oinos, entre otros, era evidente que ya había llegado la alternación de aquel año 794, en el cual, a la entrada de Aries, el planeta Júpiter queda en conjunción con el anillo rojo del terrible Saturno. Si mucho no me equivoco, el especial espíritu del cielo no sólo se manifestaba en el globo físico de la tierra, sino en las almas, en la imaginación y en las meditaciones de la humanidad.
En una sombría ciudad llamada Ptolemáis, en un noble palacio, nos hallábamos una noche siete de nosotros frente a los frascos del rojo vino de Chíos. Y no había otra entrada a nuestra cámara que una alta puerta de bronce; y aquella puerta había sido fundida por el artesano Corinnos, y, por ser de raro mérito, se la aseguraba desde dentro. En el sombrío aposento, negras colgaduras alejaban de nuestra vista la luna, las cárdenas estrellas y las desiertas calles; pero el presagio y el recuerdo del Mal no podían ser excluidos. Estábamos rodeados por cosas que no logro explicar distintamente; cosas materiales y espirituales, la pesadez de la atmósfera, un sentimiento de sofocación, de ansiedad; y por, sobre todo, ese terrible estado de la existencia que alcanzan los seres nerviosos cuando los sentidos están agudamente vivos y despiertos, mientras las facultades yacen amodorradas. Un peso muerto nos agobiaba. Caía sobre los cuerpos, los muebles, los vasos en que bebíamos; todo lo que nos rodeaba cedía a la depresión y se hundía; todo menos las llamas de las siete lámparas de hierro que iluminaban nuestra orgía. Alzándose en altas y esbeltas líneas de luz, continuaban ardiendo, pálidas e inmóviles; y en el espejo que su brillo engendraba en la redonda mesa de ébano a la cual nos sentábamos, cada uno veía la palidez de su propio rostro y el inquieto resplandor en las abatidas miradas de sus compañeros. Y, sin embargo, reíamos y nos alegrábamos a nuestro modo -lleno de histeria-, y cantábamos las canciones de Anacreonte -llenas de locura-, y bebíamos copiosamente, aunque el purpúreo vino nos recordaba la sangre. Porque en aquella cámara había otro de nosotros en la persona del joven Zoilo. Muerto y amortajado yacía tendido cuan largo era, genio y demonio de la escena. ¡Ay, no participaba de nuestro regocijo! Pero su rostro, convulsionado por la plaga, y sus ojos, donde la muerte sólo había apagado a medias el fuego de la pestilencia, parecían interesarse en nuestra alegría, como quizá los muertos se interesan en la alegría de los que van a morir. Mas aunque yo, Oinos, sentía que los ojos del muerto estaban fijos en mí, me obligaba a no percibir la amargura de su expresión, y mientras contemplaba fijamente las profundidades del espejo de ébano, cantaba en voz alta y sonora las canciones del hijo de Teos.
Poco a poco, sin embargo, mis canciones fueron callando y sus ecos, perdiéndose entre las tenebrosas colgaduras de la cámara, se debilitaron hasta volverse inaudibles y se apagaron del todo. Y he aquí que de aquellas tenebrosas colgaduras, donde se perdían los sonidos de la canción, se desprendió una profunda e indefinida sombra, una sombra como la que la luna, cuando está baja, podría extraer del cuerpo de un hombre; pero ésta no era la sombra de un hombre o de un dios, ni de ninguna cosa familiar. Y, después de temblar un instante, entre las colgaduras del aposento, quedó, por fin, a plena vista sobre la superficie de la puerta de bronce. Mas la sombra era vaga e informe, indefinida, y no era la sombra de un hombre o de un dios, ni un dios de Grecia, ni un dios de Caldea, ni un dios egipcio. Y la sombra se detuvo en la entrada de bronce, bajo el arco del entablamento de la puerta, y sin moverse, sin decir una palabra, permaneció inmóvil. Y la puerta donde estaba la sombra, si recuerdo bien, se alzaba frente a los pies del joven Zoilo amortajado. Mas nosotros, los siete allí congregados, al ver cómo la sombra avanzaba desde las colgaduras, no nos atrevimos a contemplarla de lleno, sino que bajamos los ojos y miramos fijamente las profundidades del espejo de ébano. Y al final yo, Oinos, hablando en voz muy baja, pregunté a la sombra cuál era su morada y su nombre. Y la sombra contestó: «Yo soy SOMBRA, y mi morada está al lado de las catacumbas de Ptolemáis, y cerca de las oscuras planicies de Clíseo, que bordean el impuro canal de Caronte.»
Mi voz se torno temblorosa, pero no por eso permití que vieran y leyeran mi miedo, supongo que eso era el miedo del que tanto se murmuraba, sentí estar en el lugar del joven Zoilo. Pronto alce la mirada y la dirigí a la puerta de bronce, sabiendo perfectamente que ni un musculo podría mover, algo me paralizó durante un segundo que fue eterno, sabía que este sería el final más esperado pero misterioso.
La sombra comenzó a absorber a cada uno de los siete; primero a Zoilo, quien se unió a esas voces. En el turno de Teo escuche como su tranquila voz se volvió contra los presentes con gemidos que calaban lo más profundo. Uno a uno. Hasta llegar a mí, Oinos, mi nombre no significo para mí. Cuando la sombra llego a mi sentí el mayor placer de mi existencia fue como estar en los brazos se mi progenitora. Al alejarse luz de la luna encontré mi propia sombra.
FIN
Traducción de Julio Cortázar

sábado, 4 de mayo de 2013

Actividad 14_Cambiar final a un cuento o leyenda

La Rumorosa

Dicen que en una ranchería cercana a la ciudad de Tijuana, vivía una enfermera llamada Eva, era muy conocida y respetada porque ayudaba a los enfermos y a los accidentados; sin importar la hora iba adonde se lo pidieran. Cierto día, llegó a su casa una señora rogándole muy angustiada:
–Señorita Eva, mi esposo está enfermo, necesita que lo atiendan; por favor, venga a verlo.
–¿Qué es lo que tiene? –Preguntó la enfermera.
–Ha tenido mucho dolor de estómago, toda la noche se estuvo quejando –respondió la mujer.
–¿Por dónde vives?
–Cerca de La Rumorosa –contestó.
–Está lejos –dijo la enfermera–.
Primero voy a ver a una vecina que también está enferma, pero dime cómo llegar y en cuanto me desocupe, iré para allá.
La señora le dio las señas del lugar y se fue. Mientras tanto, la enfermera tomó su maletín y se dirigió a la casa de su vecina. Terminada su visita, salió rumbo a La Rumorosa caminando bajo el calor intenso del mediodía, pero en su prisa por llegar, equivocó el camino.
–No veo ninguna casa –pensó preocupada– estoy segura que me dijo que era por aquí.
Ya habían pasado varias horas desde que saliera de su casa y pronto oscurecería. Tenía hambre y sed porque el agua que llevaba se había terminado. Aun así trató de no desesperarse; levantó la vista y no miró otra cosa que piedras, formando los enormes cerros de La Rumorosa, una sensación de temor la invadió porque sabía historias de ese lugar en las que se hablaba de aparecidos y quién sabe cuántas cosas más.
Decidió volver a caminar y se metió entre aquellos cerros; con la noche las enormes piedras que se encontraban por todos lados se transformaban en horrendas personas y animales que gritaban su nombre: ¡Eva, Eva...!
La mujer se echó a correr desesperada entre las rocas hasta que sus pies resbalaron y no supo más de sí.
Después de tres días un hombre la encontró; envuelta entre ramas, raíces y piedras, como si la el propio bosque la sepultara. Pronto aquel hombre se acerco al cuerpo inerte de Eva, sin darse cuenta las ramas comenzaron a subir por sus piernas sujetándolo de tal manera que no las sintió. No pasó mucho tiempo cuando se vio a un lado del cuerpo de Eva y no supo más de sí.
Con los días los vecinos buscaron a Eva y al hombre pero los encontraron, todos murmuraban que habían escapado juntos.
Despues de varios años la gente cuenta que en los arboles del camino de la Rumorosa se distingue el rostro de Eva y en las piedras el de aquel hombre.

La Rumorosa y los aparecidos (adaptación).


Actividad 13_ Cuento diminuto

Transformación de un robot

Hubo un robot que fue deshecho; parte por parte. Cuando su última parte fue reparada, la guerra continuó.


viernes, 3 de mayo de 2013

Actividad 11_Argumento disparatado


Amar sólo en domingo

Regina conoció al amor el día domingo, ella odiaba los domingos tanto o más que los lunes, ella no creía posible haber conocido a Ernesto un día lunes, hacía tiempo que los domingos no le daba buenas noticias, desde que era pequeña los lunes;  corría en círculos desde su casa a la casa de su abuela, en donde comía refresco caliente y bebía tacos de tortilla dura, todos podían escuchar lo que pensaba, cuando lloraba solo podían escucharse sus incesantes carcajadas, las cosas que le pasaban en domingo eran tan frustrantes. Todo cambio ese domingo cuando lo conoció por fin sintió los pies en el suelo y la cabeza por debajo de las nubes, todo parecía tan distinto, era una sensación hermosa como cuando  la escena del sofá de dos ancianos amándose por la eternidad, o como cuando siembras algo y da frutos, era la sensación de un sábado. Regina se sintió tan feliz pero de pronto sintió un gran vacío, no sabía cómo explicarlo era como; un botón sin ojal, como un tren sin vías, como una bici sin ruedas. Ella sabía que aunque todo era hermoso faltaba algo, quizá estaba tan acostumbrada a los horribles domingos de toda su vida.
Esta felicidad no podía explicarse pero ella se arriesgo a caminar hacia él y preguntar sobre el clima, pronto se dio cuenta de que era la persona más hermosa del mundo, lo que provoco una gran conmoción en ella, algo así como una relámpago sobre el agua, o como cuando veía telenovelas. Cuando Ernesto la vio comenzó a pensar en sus horribles domingos; cuando no hay juegos de futbol o cuando su mamá no cocina. Miró a Regina y comenzó a preguntarse de dónde surgía tanta felicidad en domingo.   
Mientras los dos seguían pensando en sus horribles domingos, sus miradas hacían que este primer domingo tuviera sentido, les agrado sentir sus pies dentro de los zapatos, el cuerpo cubierto de ropa, los dientes en la boca.
Al día siguiente comenzó la rutina, esa de siempre, se vieron, pero todo parecía normal, así trascurrió martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, todo fue tan normal y sin imposibilidades. El sábado decidieron ya no verse más porque cada día que transcurrió fue tan normal y aburrido. Su mayor temor era que llegara el temible domingo. Llegó el domingo, se vieron, y se dieron cuenta que los domingos horribles desaparecieron, para dar lugar a esos domingos en que se podía amar.