Amar sólo en domingo
Regina conoció al amor el día domingo, ella odiaba los domingos tanto o más que los lunes, ella no creía posible haber conocido a Ernesto un día lunes, hacía tiempo que los domingos no le daba buenas noticias, desde que era pequeña los lunes; corría en círculos desde su casa a la casa de su abuela, en donde comía refresco caliente y bebía tacos de tortilla dura, todos podían escuchar lo que pensaba, cuando lloraba solo podían escucharse sus incesantes carcajadas, las cosas que le pasaban en domingo eran tan frustrantes. Todo cambio ese domingo cuando lo conoció por fin sintió los pies en el suelo y la cabeza por debajo de las nubes, todo parecía tan distinto, era una sensación hermosa como cuando la escena del sofá de dos ancianos amándose por la eternidad, o como cuando siembras algo y da frutos, era la sensación de un sábado. Regina se sintió tan feliz pero de pronto sintió un gran vacío, no sabía cómo explicarlo era como; un botón sin ojal, como un tren sin vías, como una bici sin ruedas. Ella sabía que aunque todo era hermoso faltaba algo, quizá estaba tan acostumbrada a los horribles domingos de toda su vida.
Esta felicidad no podía explicarse pero ella se arriesgo a caminar hacia él y preguntar sobre el clima, pronto se dio cuenta de que era la persona más hermosa del mundo, lo que provoco una gran conmoción en ella, algo así como una relámpago sobre el agua, o como cuando veía telenovelas. Cuando Ernesto la vio comenzó a pensar en sus horribles domingos; cuando no hay juegos de futbol o cuando su mamá no cocina. Miró a Regina y comenzó a preguntarse de dónde surgía tanta felicidad en domingo.
Mientras los dos seguían pensando en sus horribles domingos, sus miradas hacían que este primer domingo tuviera sentido, les agrado sentir sus pies dentro de los zapatos, el cuerpo cubierto de ropa, los dientes en la boca.
Al día siguiente comenzó la rutina, esa de siempre, se vieron, pero todo parecía normal, así trascurrió martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, todo fue tan normal y sin imposibilidades. El sábado decidieron ya no verse más porque cada día que transcurrió fue tan normal y aburrido. Su mayor temor era que llegara el temible domingo. Llegó el domingo, se vieron, y se dieron cuenta que los domingos horribles desaparecieron, para dar lugar a esos domingos en que se podía amar.

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